miércoles, 11 de agosto de 2010

Aún así...

Sigo la lógica: es decir: sigo las babas de tu paso, hembra, mujeraje siniestro y amado, oh amado como dios ama y encela a sus devotos; como la presa cae en el extásis pavoroso de los ojos de la serpiente. Tras de ti, perra en celo, escoria que ha sido mi mejor banquete.
Oh, si tu nombre liberara el escorpión negro de mi miedo, si me dejara libre. También iría tras de ti, malnacida.

lunes, 26 de julio de 2010

La muerte de soslayo

Y fue así, caminando en el perfil de la lluvia. De algún modo la herida siempre es en el costado, pensé o dije; así, en la lluvia, la muerte de soslayo como un paragüas arrebatado por un viento inclemente.

domingo, 25 de abril de 2010

Y respirar todavía

Vaya locura, delirio, misticismo, catedral impía: haber muerto sobre tu nombre y respirar, todavía.

viernes, 26 de marzo de 2010

Un día con su sombra

Cómo fue encontrarte, pienso me digo fumo. Cómo fue caer cuando ya el aire estuvo limpio y era otra la pupila inmensa que nos llevaba. Cómo encontré, del mismo modo que se encuentra uno un día con su sombra, ese aire digo, rayuela, humo, muerte de verdad de muerte seria y ya por eso avecinada contra cada gesto, vecina de mi paso de tu paso que se cruzaron. Y fue entonces que estábamos distraídos.

sábado, 6 de marzo de 2010

Y no es tu nombre

Cómo recorro esa palabra, la voy modelando en la garganta y raspa y mi lengua (ah ese reptil, esa rosa coagulada) comienza a bordearla, a enlisarle la forma redondeándola; y de todos modos es un animalito esa palabra, una figura bordeando lo que nombra cayendo en lo que dice desesperada de sí misma; y la levanto con la punta de la lengua (ah ese falo de cabeza aplastada) la llevo en andas la agujereo la hago gozar y sangra y camina ya en mi voz, con el eco de todo lo no dicho y por el que ella nace; debí decir esta palabra y no la eternidad cuando dije esta palabra y no la eternidad, cuando lamí esta palabra, su muerte traducida una vez expulsada de mi garganta hacia el aire, con su aire, con la imagen de sí mirándose en el horror de decirse y saberse y morir casi instantáneamente como mueren el amor y los animales de la infancia. Y ya retorna de su verbo o su raíz y comienza a despegarse a decirse y el gusto de almendra y la pesadilla de lo no dicho también comienzan a decirse, como un niño que mira la herida de la rosa como la madre que mira su rosa herida como la rosa abriéndose como una herida en la tarde Y está dicha y se estrella y no es tu nombre.

domingo, 28 de febrero de 2010

Que lava y enfría

Ella corre, desnuda, por supuesto, detrás van cayendo paisajes de guerra, teatros de guerras, soldados armados con lanzas, escudos, pistólas laser, hachas de piedra; soldados de viejas y antiguas guerras y épocas; romanos cuyas capas rojas danzan en el aire mientras dan una y otra y otra vuelta y caen heridos de muerte ya, iroqueses intrepidos pintados por la mano que habrá de cerrar sus ojos, lanzando alaridos donde tiemblan espejos y cielo; legionarios sedientos bajo el sol de áfrica tropezando como si de pronto los hubiera alcanzado un gas venenoso, como si sus cuerpos buscaran salirse de sí mismos; ella corre sobre el delgado oleaje en que apenas sus pies se hunden; y detrás, ah detrás, se inicia el prodigio, el eléctrico parpadeo de la vida, una y otra vez, y los planetas estallando... desnuda ella, con la cabellera rubia de sol, y detrás, detrás se caen y levantan imperios, y cada hombre muere y pasa por su cuerpo y yo la espero llegar ah desnuda corriendo con sus ojos en la desmesura de su sexo bajo la lluvia que lava y enfría la tarde.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Borgeano

el anciano
recibe el frío en su rostro
camina despacio
apoyado en el bastón
sospecha que ese lugar es extraño
pregunta por las bocinas
por la urgencia
por los malevos
interroga en lunfardo al infinito
hace tiempo que lo expulsaron los espejos
y viene intuyendo la muerte como un libro sin orden
ni sentido
lleno de páginas en blanco

y si volviera a nacer nada habría cambiado
habría andado por los mismos laberintos
sin el hilo de ariadna/kodama
por los mismos senderos
en la misma ceguera
que, después de todo, es un mal favorable para un poeta

o cambiaría este instante
donde sospecha
se le hace cuento que se está muriendo en buenos aires

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El amor en sus colillas

Sí, nos amamos.
A golpes.
A arañazos,
con furia y con ternura.

Habían pasado las adiciones
en largas caravanas;
multitudes demacradas,
clows asesinos,
madres violadas
en la tv.

Río de alcohol,
ríos de angustia,
ríos hilarantes.

Sólo faltaba la adicción a tu concha,
incurable, por cierto.

Sí que nos amamos.
Apagamos puchos en nuestras espaldas.