Borgeano
el anciano
recibe el frío en su rostro
camina despacio
apoyado en el bastón
sospecha que ese lugar es extraño
pregunta por las bocinas
por la urgencia
por los malevos
interroga en lunfardo al infinito
hace tiempo que lo expulsaron los espejos
y viene intuyendo la muerte como un libro sin orden
ni sentido
lleno de páginas en blanco
y si volviera a nacer nada habría cambiado
habría andado por los mismos laberintos
sin el hilo de ariadna/kodama
por los mismos senderos
en la misma ceguera
que, después de todo, es un mal favorable para un poeta
o cambiaría este instante
donde sospecha
se le hace cuento que se está muriendo en buenos aires
..................
El amor en sus colillas
Sí, nos amamos.
A golpes.
A arañazos,
con furia y con ternura.
Habían pasado las adiciones
en largas caravanas;
multitudes demacradas,
clows asesinos,
madres violadas
en la tv.
Río de alcohol,
ríos de angustia,
ríos hilarantes.
Sólo faltaba la adicción a tu concha,
incurable, por cierto.
Sí que nos amamos.
Apagamos puchos en nuestras espaldas.
miércoles, 24 de febrero de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
Diversidad: lo dicho y no dicho ó No hay un chancho que no vuele
Abuelita me mira, como se mira a un chancho con el que se ha encariñado mientras piensa "debí habérmelo comido, horneado con una manzana o naranja en su hocico" así me mira y gruñe y abre sus piernas blancas, de piel lechosa, y se deja caer fláccida, sobre la silla, frente a mí, sin dejar de mirarme como al chancho asado sobre la mesa, con el mismo amor, con el mismo deseo mientras se abanica y como si sus palabras vinieran desde su entrepierna, desde esa oscuridad, o desde el canal lleno de su cólon, o de sus tripas lo mismo da, de a poco va articulando cada letra descascarada que su voz recrea como si le hablara a un chancho que no puede ya comer en ciertos términos, en una realidad básica, tan básica como la piel de chancho que me envuelve, ¡oh grasosa tibieza!, este miedo chancho que hurga con hocico sucio bajo el corazón y en la mugre mía hecha de palabras y deseos y muertes que no son muertes si no apenas una síncopa de esta puta vida, estas chanchadas de revolcarse siempre bajo el filo y el hambre ajeno, estas patas cortas y esta mentira de chancho nacido bajo el signo de hombre, así me digo y mira abuelita y dice: esa chica no era para vos.
jueves, 11 de febrero de 2010
Oh, otra vez
Quizás ha pasado una vida, o más que una muerte ya desde aquellos días de Pamela y clonazepam y sexo a la deriva, en cualquier sitio a cualquier gana más o menos admitible. Ella y sus uñas y su lengua furiosa y la mirada perdida y esa crispación en los labios, esa muecamuerte esa herida angustiosa en el rostro mientras me lastimaba/clamaban sus uñas, enterrándolas en mi espalda. Ha pasado una muerte; y pasea un fantasma que entona con su nombre ahora en mi teléfono móvil: soy yo, soy Pamela, oh Vielov ¿me escuchas? ¿estás ahí? Y sé que no es su cuerpo, su verdadera voz, es la translúcida piel de su fantasma su deseo, llamándome. Y son llamas en mi carne, envuelta, lacerándose, deseándose, buscándola y buscándose de ese modo. Soy Yo, insiste, Vielov, oh Vielov. Y grito o pienso que grito o digo en un grito: ¡Oh, otra vez esta vidamuerte de saberla y desearla, esta muertemuerte de nuestros nombres sonando en nuestros labios! ¡Ah, jamás me masturbaré pensando en vos!
lunes, 11 de enero de 2010
Frases que se hicieron
Uno es la estructura donde pisa el elefante desmedido del infinito, fue una larga, larga y lenta despedida.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Fin de año pasado
Una vida es una muerte. Eso es lo que dice en la tarjeta que comienza a ponerse amarillenta. Fue un gran adiós de año aquel junto a Pamela, a su tarjeta bellamente firmada.
martes, 22 de diciembre de 2009
Ni un millón de Pamelas
Después de meses encerrado salí a caminar bajo un sol poco piadoso y por cuestiones humillantes como el novio nuevo y ruidoso que mi abuela trajo o robó de una pesadilla nazi o de un mal viaje de droga sucia, de cualquier droga sucia que hay ahí, al alcance, y bebedor el anciano, como ella. Y harto también de Foucautl y Nietzsche y Sartre y toda la filosofía que este año digerí a base de puteadas a mi ex novia (no Pamela) si no mi última ex, a quien conocí cuando vino a hacer una encuesta a favor del campo ¿Era ingenua? tal vez pero no importa ella ahora. Caminaba por un barrio aledaño al mío, perdido, sofocado como cualquier porteño cuando de pronto una risa platinada cruzó el aire o se iluminó como una bengala portada por una cara vagamente conocida, miré sin ver (creo que trataba de no pensar en el espectáculo de mi abuelita y su nazi, encaramados sobre botellas de whisky y pastillita) quizás miré con mi mejor cara de Beatteljuice mezclada a la del Coyote que persigue al pajarraco, hasta que la risa me dice me dice "hola" y yo, me dije, a esos rasgos los conozco pero claro, traté de razonar, los meses encerrados, la palidez mía, la loca encuestadora, los gritos beodos de abuelita, la tristeza concubina de abuelito, dije pensé, esa cara pero no, me dije, esos ojos resecos, su sonrisa disparada contra un aire pálido, su forma de acercarse y fingirse tanto a Pamela pero una versión más entrada en carne y menos oscura, y ah, hola Justina, hola dice de nuevo esa rústica Pamela, que lindo que estás, dice y su sonrisa pasa a risita que comienza a entristecerme la tarde definitivamente pálida, a abertura por donde una oscura serpiente muestra su lengua y sisea y dice: estás más gordito, cambiado, se te ve muy bien, muy lindo dice la primitiva proyección de Pamela y de pronto: por que vos y yo no tuvimos nada? Iba decirle quizás porque yo la tuve a ella, a la verdadera, la que tomaba clonazepam y poesía con la misma intensidad enloqueciendo con una y otra droga, la que me miraba con el desprecio y la pasión y la adoración entremezcladas como tres religiones enfrentadas y a la vez unidas en sus pupilas, a esa hija de puta que si en una discusión no había logrado imponerse ni aún diciendo "me voy a matar" desaparecía y no había manera de encontrarla, de la que luego nos enteramos que se escondía en el ropero cuando alguien se aproximaba a su cuarto y se podía quedar allí un día entero, y más quise decirle, gritarle que un millon de hermanas no harían una Pamela, e iba a decirle lo de dios ha muerto, el hombre ha muerto, el sujeto sujetado y esas cosas, de los llamados intensivos de la ex encuestadora pero, le dije y sonreí como mi abuelita sonríe cada vez que abuelito se entera que ella tiene novio nuevo, blaf blaf blaf sonreí creo que es porque voy desacostumbrandome a los aquellarres, dije y la tarde se instalaba detrás de un cristal de pecera asfixiante.
martes, 3 de noviembre de 2009
Mitos entre nosotros
Amábamos los mitos y los construíamos y deconstruíamos a una velocidad sorprendente. Por nuestras bocas pasaban Ulyses, Odiseo, la fundación mítica de Roma, los viejos mistificadores de la Grecia, el canto de sirenas, el amor, nos decíamos: para siempre, para siempre, oh, te amo.
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